Un país que depende soempre de la lluvia
El clima es determinante en la actividad económica de Argentina. Los años de sequía tienen una fuerte incidencia, por ejemplo, en el menor ingreso de divisiones por exportaciones de los complejos sojero, maicero y triguero, pero también en los precios locales de la carne y de otros alimentos, en la recaudación tributaria y en los vaivenes cambiarios. Es que nuestro país sigue siendo altamente dependiente del campo. Es por eso que, frecuentemente, cuando la sequía se extiende, la falta de lluvias tiene consecuencias políticas, en especial cuando ocurren en años electorales.
Por ejemplo, el presidente radical Fernando de la Rúa pasó todo su gobierno —reducido a dos años por su renuncia a multas de 2001— bajo el efecto del fenómeno climático conocido como La Niña, que implica falta de lluvias y sequía, el peor fantasma de los productores rurales porque no se puede sembrar, los cultivos no crecen, no hay formación de granos y otras catástrofes. Pero, también la crisis económica y política de 1989, que derivó en la renuncia anticipada del radical Raúl Alfonsín y la asunción del peronista Carlos Menem, estuvo precedida por La Niña. Más acá en el tiempo, la sequía de 2018 cambió el rumbo al gobierno de Mauricio Macri.
¿Qué pasará ahora que estamos transitando el tercer año de sequía?
Las lluvias de enero y febrero trajeron alivios en algunas zonas, pero no alcanzaron a todo el país ni a todos los cultivos. Los últimos cálculos de la Bolsa de Comercio de Rosario prevén una merma en el ingreso de divisiones por menor cantidad de exportación de entre 12 y 15 mil millones de dólares.
De esta manera, Argentina tendrá una campaña similar a la de 2017/18, cuando comenzó el declive económico que llevó a Macri a perder las elecciones de 2019. También es una caída de producción similar a la que el país tuvo en 2008/09 cuando , estado Cristina Fernández en el poder, el oficialismo perdió las elecciones de mitad de mandato.
Para escuchar esta dependencia entre sequía y política vale la pena considerar que, tomando la serie desde la campaña agrícola de 1952/53, las últimas 70 campañas nos abandonaron como resultado 26 años donde primaron los eventos conocidos como El Niño — lluvias mayores a las normales , pero sin consecuencias—, 24 años en los cuales hubo sequía —La Niña—y 20 años neutrales, con lluvias normales.
En términos generales, “La Niña” es un enframiento de las aguas de l’Océano Pacífico Central que generará una circulación de la atmósfera negativamente negativa en la distribución de la humedad sobre nuestro país.
Así, toda la porción central y este de Argentina se ve perjudicada en el ingreso de humedad sur le región por lo que estos eventos se asocian a sequías sobre el sudeste de Sudamérica (incluyendo zonas de Paraguay, Uruguay y el sudeste de Brasil).
Además, al dar lugar tiene un ambiente más seco, también es más vulnerable a la térmica acumulada por lo que potencian las olas de calor durante el verano y aumenta la frecuencia de heladas en el invierno, sumándole el mayor riesgo de tener heladas tempranas y retrasos , que, combinados con la sequía, se transforman en golpes letales por parte de la producción agropecuaria.
En cambio, “El Niño” es un calentamiento en el Pacífico Central que generará una circulación y distribución de humedad que promueve la situación inversa de La Niña, potenciando los niveles de lluvia en la región productiva agropecuaria del país.
Resulta interesante observar que los eventos de sequía más fuertes y continuados abandonaron secuelas muy negativos para la economía ya que fueron la antesala de la crisis de los años 1976, 1989, 2001, 2008, 2018. En la actualidad atravesamos tres eventos La Niña seguidos .
En aquellos años, las sequías trajeron cambios políticos y crisis económicas que abandonaron al país ya la sociedad con heridas muy profundas.
Si miramos desde 2011 a la fecha, observamos que en los últimos 13 años tuvimos 7 eventos La Niña, 3 eventos neutrales y 3 eventos El Niño.
Regreso a Crécer. Recordemos que no crecemos desde 2011. Dado que salir de los años de sequía nos lleva, por lo general, más de un año, sabemos projectar que estamos condenados a no crecer en 2023. Además, un año neutro o con lluvias mayores en la próxima campaña no nos asegurará un crecimiento immediato y que, premierero, el campo tendrá que recuperar el terreno perdido, con lo cual, si todo salió bien, recien en la campaña 2024/25 estaríamos en condiciones de volver a crecer.
Si miramos la evolución desde 1970 a la fecha, podemos ver que, con el retorno a la democracia, Alfonsín fue, en general, beneficiado por el clima, aunque hizo su gestión económica no resultó acertada para los problemas de aquel momento. Menem estuvo impactado por años neutros y de sequía, pero tuvo años de crecimiento económico, que coincidió con un clima más apropiado para el campo.
La antesala de la gran crisis del 2001 estuvo plagada de años de sequía y eso ayudó ha generado una de las crisis políticas y económicas más importantes de la historia argentina. Fernando De La Rúa no asume que se quedará en el frío y abandonará el cargo justo en la mitad de su mandato.
Si miramos más atrás en el tiempo, entre 1950 y 1970 tuvimos solo 5 eventos del tipo La Niña; Decides que el clima es muy favorable, pero los números indican que se supone que el país no prueba que así sea.
De 25 eventos de La Niña, 7 se dieron en los últimos 13 años. Los mayores impactos de la sequía se notaron en 2018 bajo la presidencia de Macri y ahora, en los 3 años consecutivos de sequía que estamos viviendo.
Obviamente, existe una correlación entre el clima, la economía y la política. Habra que ver si repite en 2023.
Un problema adicional es que la salida que tiene esta crisis será más lenta, según indica la serie histórica. Podemos calcular que llevar, como mínimo, dos años, siempre y cuando la sequía no se repita.
Conclusión. Argentina depende de las exportaciones agropecuarias, lo que asegura un flujo de dólares que le permite contar con las importaciones que requiere, importantes tributos por pérdidas de exportaciones y otros tributos, y una disminución de la actividad económica en general. Esta correlación de clima y evolución del PBI ya tiene la claridad de que, con buen clima, los gobiernos tienen más posibilidades de ser exitosos y con mal clima, como el caso de De la Rúa, las perspectivas son otras.
Por otro lado, los años de sequía dejan al mercado muy frágil en materia financiera y económica, con lo cual la recuperación podría darse cuenta en dos campañas: no hay una salida inmediata de la crisis.
Si, como vemos, el clima es tan importante no solo para el campo sino para toda la economía, los gobiernos tal vez deberían esperar el reclamo de los productores de un seguro climático, que no solo serviía para sustentar la producción agropecuaria de los cambios en el clima, seepre impredictibles, sino que también sería un paraguas para toda la economía y hasta para la marche de los gobiernos, que tanto depende de la locomotora del campo.
* Titular de la consultora Salvador Di Stéfano y Asociados y Bachiller Universitario en Ciencias de la Atmósfera (UBA)
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