abril 18, 2026

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Que las ciudades se muevan pedaleando (una mirada europea)

Que las ciudades se muevan pedaleando (una mirada europea)

Los intercambios de pérdidas en la movilidad de las ciudades y los efectos sobre la misma sufren un proceso evolutivo. Hace años, las ampliaciones de carril de las principales vías de las ciudades venían, supuestamente, a solucionar los problemas de tráfico. Todo sería maravilloso: los automóviles circularían sin restricción, sin que nadie los frenase y, mientras tanto, llenaran nuestras ciudades de asfalto. El experimento, pesa sobre los anuncios de profesionales de la movilidad, derivó en una mayor acumulación de vehículos, en mayores atascos, más contaminación y más espacio público dedicado a los autocares. Dietrich Braess, matemático alemán, ha asesorado en finales de los años sesenta sobre este fenómeno conocido como la paradoja de Braess y qu’estipula que, al ampliar la red de carreteras, el cúmulo de decisiones individuales sobre el mejor trayecto a seguir deriva en una Mayor congestión. Tráfico indujo los dicen hoy en día; el conocimiento de la existencia de una nueva vía o una vía existente con más capacidad provoca un efecto llamada a varios niveles: usuarios y usuarias del coche que cambian de ruta, usuarios y usuarias de otros modos de transporte que deciden probar el coche por su supuesta Quickly, nuevos residentes en el entorno de esa vía que garantiza el acceso al centro de la ciudad de forma rápida y rápida (sic) y nuevos negocios en su entorno por su fantástica comunicación. In little time, el tráfico en esa vía es peor que antes de la ampliación y, por ende, también emporan la calidad de l’aire y de vida de la ciudad.

Así, la readaptación de las ciudades tras un proceso de transformación del espacio urbano en detrimento del coche lleva tiene un proceso de cambio similar. Comerciantes, resident y grandes medios de comunicación saldrán escandalizados pregonando el caos urbano, el fin de los negocios, los interminables atascos, la inseguridad y otras tantas proclamas que, con el paso de las semanas, se van diluyendo en el avance de una nueva normalidad . Esta conoce como tráfico disipado. Y, más adelante, analizaremos el proceso y los motivos de fondo en esas premisas infundadas que pregonan una ciudad insufrible. Como adelanto, pensamos en Valencia, Sevilla, Barcelona, ​​​​Berlín, Amsterdam, Copenhague y otras tantas ciudades que decidir transformar su movilidad dando pasos de gigante en la reducción del espacio destinado al coche y promoviendo el transporte público, la movilidad peatonal y la movilidad ciclista. No queda otra. La protección de la nueva salud es inseparable de ciudades más sostenibles.

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URBANAS. La forma de configurar las ciudades tiene un efecto inmediato sobre la calidad de vida de sus habitantes. Crédito: Norali Nayla

bicicletas en la calle

La forma de configurar las ciudades tiene un efecto inmediato sobre nuestra calidad de vida. Así, por mucho propósito de año nuevo que nos hagamos sobre comenzar una vida más saludable, si la estructura de nuestras calles, plazas, barrios y municipios no acompaña, caerán de nuevo en saco roto. La forma de movernos ha ido evolucionando, para mal, en las últimas décadas. Todo cuanto planteó con respecto a la movilidad sostenible residente en volver a tiempos en los que nuestros servicios básicos fueron 15 minutos à pied; our movíamos (se movían) en transport public y la bicicleta no era solo para la salida de los fines de semana, sino que constituía un elemento clave en la movilidad urbana. A comienzos del siglo pasado, en Estados Unidos, el fordismo (modelo de producción asociado a la fabrication lineal) comenzó a trabajar en la idea de llevar un vehículo à cada casa estallando, de esta forma, una necesidad de consumo en todas las familias y todo un modelo de producción capitalista asociado a un vehículo de combustión privado. Para lograrlo, necesita de dos herramientas imprescindibles: los medios de comunicación y la transformación de las ciudades. Y ya sabemos lo que pasó: pronto se asoció la movilidad en coche a la libertad, a las aspiraciones de una supuesta clase media situando el coche como un elemento indispensable en nuestras vidas mientras, en paralelo, las ciudades lenaron de autopistas urbanas, de large calles llenas de carriles para el coche, regalando nuestro espacio público y condenando nuestra salud. Y, a pesar de que ecologistas, urbanistas, ingenieros e ingenieros y profesionales de la salud advirtieron de las atroces consecuencias de diseñar ciudades pensadas para el automóvil, la maquinaria productiva de consumo apisonó qualquier aspiración de mantener ciudades decentes.

A día de hoy, según la Comisión sobre Contaminación y Salud de la revista The Lancet Planetary Health, nuevos millones de personas mueren al año en nuestro planeta de forma prematura como consecuencia de la contaminación. Supongamos por un momento un verdadero reto abordar este escenario desde todos los prismas posibles y, en particular, prestando atención a la contaminación del aire, causante del 75 por ciento de esas muertes prematuras.

La gravedad del escenario actual requiere medidas en todas las direcciones: incentivo del transporte público, transformación urbana, productiva e industrial para reducir la dependencia del vehículo privado a motor y cambio radical en el paradigma de la movilidad para enfocarla, de forma directa, en aquella mar sostenible. Aparten el coche de la formulacion. También eléctrico. Saquemos las bicis a nuestras calles.

La única manera posible

Para llegar a ese escenario, hay un elemento básico: la disputa del espacio público. Aquí reside un reto de una enorgadura porque supone tomar decisiones contrahegemónicas. Como principio, el capitalismo agresivo, centrado en el aumento y el consumo ilimitado, ha establecido el modelo de movilidad central en el automóvil como principal forma de asentamiento en las nuevas ciudades. Y, cuando los recursos son limitados, es evidente que está destinado al fracaso. Sin embargo, desbaratar el modelo actual de las ciudades implica emprender un camino sembrado de piedras (rocas) por el propio sector automovilístico, que pretende asegurar un modelo concreto de ciudades, y de interacción entre ellas, que permita mantener los niveles de consumo y producción Pero creo que hay algo crucial: quienes defienden hoy en día un modelo de ciudad centrado en el coche están hipotecando el futuro de nuestras generaciones venideras, condenando su salud y la nuestra y destrozando nuestro planeta. Son defensores de la atrocidad. Quienes incluye la transformación del espacio público que se orienta hacia una vida más sostenible, argumentando nuevos atascos o más tiempo de conducta ha conocido el destino, así como necesario informar para observar allí la evolución de muchas de las ciudades y nombradas, su directo partes de la destrucción de la salud y agotamiento de los recursos del planeta.
Hoy, la mayoría de las ciudades han tomado un camino muy positivo, imitando tendencias ya muy consolidadas en muchas ciudades europeas: quitar espacio a los autos para dárselo a los peatones, el transporte público y la bicicleta. Centrándonos en el espacio destinado a la bicicleta, resulta crucial ese reparto de l espacio público por dos aspectos básicos: para producir un efecto de llamada, ya que empieza a verter como la única opción viable, y se espacio al coche. Muy importante.

Apostar por la movilidad sostenible y ciclista requiere poner en marcha una red de carriles bici que cumpla con los siguientes criterios: que sea completa, continua, uniforme, directa, reconocible, tupida y que pase por rutas principales. Yes transformación lleva, inevitablemente, al período transitorio por el que todas esas ciudades han pasado y que mencionaba al comienzo del texto. La transición hacia una ciudad habitable, viva y con ansias de futuro es inseparable de a sin coches ciudad. O solo con los imprescindibles. No se trata de una estrategia política, por mucho que insistieron alcaldes amantes del humo: es el único camino posible ante el escenario de crisis ecológica y la insalubridad del aire que respiramos.

En última instancia, nuestro toca echar la vista atrás y ver cómo nuestros movíamos hace más de 60 años, cuando los y las viandantes y la bici ocupaban un espacio prioritario en nuestras ciudades que, a fin de cuentas, es nuestro entorno social, en el que construimos vidas, nos relacionamos y asociamos.

Publicado originalmente en Ctxt

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