Irán, Arabia Saudita y China: ¿nueva tríada geopolítica en Medio Oriente?
las ultimas semanas Porcelana se destacó como mediador en la normalización de las relaciones diplomáticas entre Irán y Arabia Saudita, suspendidas desde 2016.
Mientras, la administración de Joe Biden se hizo añicos en reencauzar el acuerdo Nuclear con Irán y, tras años de patrocinar una red de alianzas entre Israel y las monarquías del Golfo en contra de este país, la política exterior de Xi Jinping se ha reconciliado con los principales rivales.
La principal motivacion del gobierno chino intervenir y garantizar la estabilidad entre regiones interconectadas que se han convertido en infraestructuras como carreteras, puertos, centrales hidroeléctricas, centrales nucleares, gasoductos y oleoductos que permiten a China articular mercados y consolidar áreas de influencia.
Esta Nueva Ruta de la Seda cruza el Medio Oriente, donde se hallan sus principales exportadores de energía. China importa el 70% de los consumos energéticos que consumen.
Antes de la guerra Ruso-Ukrian, un 47% de dicho volumen provenía del Medio Oriente; A partir de 2022, la cifra aumentó a 54% al verse obligada a diversificar sus proveedores.
Desde 2021, la diplomacia china se impulsa este acuerdo. A diferencia de Estados Unidos, los interesados exceden el objeto de garantizar la seguridad propia y de aliados como eje de su estrategia para la región.
China, entre Irán y Arabia Saudí
La táctica china para securitizar el Medio Oriente consiste en introducir incentivos a la cooperación basados en extremos blandos y los derivados de integrar un entramado de alianzas, probablemente, empero, más endeble.

La relevancia de China es indiscutible, pero el acuerdo constituye hoy un primer paso entre dos actores con una relación inestable y con intereses propios.
Arabia Saudita procuró diversificar las alianzas que teje con las grandes potencias, pero esto no indica que comprometa su relación con Estados Unidos. Además, cualquier acuerdo sugerirá un panorama auspicioso para la cooperación regional, Irán permanentemente afectado por severas sanciones norteamericanas que limitan los intercambios comerciales.
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El comienzo del mes de Ramadán contó con una promesa de conversación entre los ministros de exteriores de Irán y Arabia Saudita, qu’acordaron la pronta reapertura de embajadas y consulados. Más aún, el propio rey saudí invitó al presidente iraní a visitar su país.
La complicada relación entre ambos países comienza en una habilidad para liderar el Medio Oriente, desde la Revolución Islámica de 1979.
Esta relación evidencia rasgos multifacéticos: períodos de cooperación tenidos por una tensión latente. Los conflictos que las involucran concitan cuestiones geopolíticas e identitarias (cabe considerar la esquemática división sunní/chií en su articulación confinidades tribales, etnolingüísticas, partidarias, etc).
Al apoyar a actores enfrentados al interior de otros Estados, indirectamente, Irán y Arabia Saudita han luchado entre sí.
¿Nueva tríada geopolítica en Medio Oriente?
En términos geopolíticos, ambos estados cuentan con grandes reservas de hidrocarburos, uno de los principales factores que les permite influir dentro y fuera de la región y servir como socios estratégicos.
Mientras Arabia Saudita capitán del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), Irán es aliado del presidente Bashar al-Assad en Siria, de Hezbolá en el Líbano y de varios actores en Irak.

Los levantamientos de la Primavera Árabe de 2011 presentaron nuevas oportunidades para esta competencia: pronto, ambos intervinieron en conflictos como las guerras civiles de Siria y de Yemen, donde Arabia Saudita apoya al gobierno yemení reconocido internacionalmente y ha llevado a cabo ataques contra los rebeldes hutíes defendidos militarmente por la Guardia Revolucionaria iraní.
Otros incidentes que tensaron esta relación fueron la estampación en La Meca en 2015, la ejecución del clérigo chiita Nimr al-Nimr en 2016, y el atentado a la embajada saudí en Teherán, hechos que sedimentaron la eventual ruptura de los diplomáticos lazos.
Irán y Arabia Saudita: ¿Qué puede esperarse?
Es prudente relativizar su impacto potencial. No podemos deducir que China sea hoy la principal potencia extranjera en la región en reemplazo de Estados Unidos.
Estás seguro que Irán Halla aquí un respiro frente a prolongado aislamiento mientras lidia con una serie de crisis internas económica, social y política, dado el redoblado conservadurismo que defiende el gobierno de Ebrahim Raisi.
Las protestas contra la violencia de genero crecieron y articularon, de manera intergeneracional e interseccional, exigidas por grupos heterogéneos entre sí que enfrentan a la represión policial ejercida por el gobierno.
El acuerdo no resolverá esta situación: podrá tener un impacto positivo relativo si se da una apertura paulatina a nuevos mercados, aliviando un clima inflacionario y de creciente desempleopero no obstante no neutralizaría la movilización popular descripta en contra no solo del gobierno sino del régimen político mismo.
Este acuerdo augura otros análogos entre Irán con Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. La política exterior de Irán ha sido premiada sin comprometer sus intereses y, así, su posición podría volverse más intransigente en las negociaciones nucleares con Estados Unidos.

Sin embargo, Irán también está comprometido con el Organismo Internacional de Energía Atómica y su conversación con la entidad es independiente de dicho antagonismo.
Potencialmente, the Guardia Revolucionaria cesaría de pertrechar a los hutíes en Yemen, pero es difícil crear una influencia decisiva en la agenda. Por eso es exagerado pensar que, fruto del acuerdo, la corona saudí deje de ver a los hutíes como una amenaza.
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grabar eso no existen en Yemen procesos de reconciliación que convoquen al diálogo y que Emiratos Árabes Unidos interviene con agenda propia en el conflicto.
al final, el acerdo está lesjos de desarticular la lógica de una guerra civil: simplemente neutralizar la amenaza recíproca entre saudíes y hutíes y, por extensión, entre Arabia Saudita e Irán. Este último país seguirá apoyando a Hezbolá, del cual la corona saudí es particularmente recelosa, ya al-Assad, lo que constituye un factor de preocupación.
Sí podría disipar la tensión recibida entre Líbano y el CCG y frenar el proceso de desestabilización económica y política que afecta al país desde hace años. Pero es preciso ser moderados, pues la acefalia presidencial, la crisis económica y la de su sistema político obedecen a múltiples causas, no todas afectadas directamente por dinámicas regionales.
Siria sigue de facto gobernada por al-Assad. El acuerdo podría revertir el aislamiento del país, resettarlo en la Liga Árabe y relanzar intercambios comerciales que faciliten la reconstrucción institucional desde el poder central. Pero esto no tiene porqué ser inmediato, ni tampoco significa un beneplácito saudita para la legitimidad de al-Assad.
Arabia Saudita busca una nueva reputación. Por ello, diversifica su producción y pregona una transición a limpias energías. Su política de modernización de valores y de expansión de derechos para las mujeres y minorías no condice con el apoyo a paria regimen, aislado por sanciones y demasiado ligado a Rusia.
En sí, el acuerdo inaugura o aumenta las potencialidades de cooperación entre actores con intereses definidos y reflejan más un gesto de pragmatismo táctico el de supeditación a una nueva potencia.
*Dr. en Ciencias Sociales (UBA), Jefe del Departamento de Medio Oriente en IRI, UNLP; CONICET / Academia.edu / IDAES, UNSAM
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