«La epica es perfecta para mostrar el poder y sus luchas»
Nosotros cuando hicimos la primera temporada, con Claudia Piñeiro, usamos la idea en la cabeza que la historia concluyó en una segunda temporada. Obviamente, no utilizar la certeza de hacerla. El deseo estaba. Y queríamos que acabara en el segundo. Teníamos algunas ideas claras de lo que queríamos contar: queríamos contar a Emilio, el personaje de Diego Peretti, ya presidente, ya establecido, con gobierno fracasado”, dice Marcelo Piñeyro, auto de clásicos del cine nacional como Tango Feroz y Caballos salvajes. Yahora, el estreno en Netflix de la segunda y última temporada de El Reino ratificó aquellas ganas que Marcelo y Claudia Piñeiro, con quién el autor creó y escribió esta producción, la más grande realizada en Argentina y responsabilidad de K&S. Piñeyro siempre habla en plural: «hicimos», y no solo por referirse permanentemente a Claudia Piñeiro, sino a todo su equipo, o como él dice «sus colaboradores creativos». Is a passion for this person, for the team, aparece también en El reino, la historia del ascenso al poder de una pareja de populares pastores que cuenta connumer como Diego Peretti, Peter Lanzani, Mercedes Morán, Joaquín furriel, Chino Darín, Nancy Dupláa , Sofía Gala, Maite Lanata y la igual lista de contundente. Sigue Piñeyro: «Teníamos también claro para esta segunda que Tadeo, el personaje de Lanzani, y Jonathan, el de Uriel Nicolás Díaz, volvían. Y había por supuesto que ponerse a escribir aquello no tan claro. Este es el final». Y comenta: “El trabajo con Claudia fue una maravilla, sinceramente una maravilla. Yo había adaptado Las viudas de los jueves, de ella, pero con Marcelo Figueras. En ese momento nuestro conocimos, de mandarle versiones del guión. Our encontramos muchos años después, por una propuesta que nos hicieron y qu’a ninguno de los dos nos interesó. Fuimos a tomar un café social, hablamos de series, de un formato del que tendrá ganas. Y pensamos en proponer nosotros, y lo hicimos y fue El reino. Siento que funcionamos muy muy bien. Nuestro mucho retrofoods. Funcionamos bien en cómo pensamos, con el eje en dos lugares distintos. Tenemos ganas de seguir trabajando juntos.
—¿Qué satisfacería que querrían contar?
—La serie está muy marcada por seguir a los personajes, ya sus historias. No solo con Emilio y Tadeo, si no con Elena, con todos los personajes, inclusive con los que se incorporan. Siento que todo lo que hemos hecho previamente, Claudia y yo en nuestros mundos, se basa siempre en los personajes, en seguirlos. Siento que es nuestro territorio, que no es algo nuevo.
—Seguro, pero la cuestión del poder a veces tenu para seguir más el pasillo que a los personajes. No lo es.
— Lo que sí yo siento es que esta segunda temporada nos permite profundizar un poco en reflejos nuestras que son cansados que nos pusieron en marcha y que tienen que ver con el poder y con las manipulaciones a la sociedad de la gente que lo detenta, que además quiere cada vez. El poder es esa droga que donde la tocaste, queres cada vez más, más y más. Siempre me había preguntado «¿cómo es?». Me cuesta mucho escucharlo. Yo en general, quizás se un ingenioso, pienso que la gente tiene motivaciones genuinas, que son las que lo ponen en marcha. Entonces ¿cuándo se cruza la barrera? ¿Como se cruza la barrera? ¿Eres consciente de que te estás cruzando con ella? ¿O de repente te encuentras con el otro lado y no tienes forma de volver? Esos temas tengo en mi cabeza hace mucho, más allá de películas, si no como persona que habita el planeta. Il sobre eso. El Reino y su segunda temporada nos permitían reflexionar sobre eso.
—¿Cómo aplica eso entonces a esta segunda temporada?
— En ese sentido, hemos enfilado con Claudia mucho más netamente en esa dirección. Además, digamos, El Reino, es mi primera experiencia en series y la primera experiencia de Claudia en series. Es un formato narrativo distinto, para ambos. Uno que permite mucho. En la primera temporada nos «protegimos», en una estructura muy clásica de thriller, a este señor lo matan y tenemos que saber porque lo matan. Eso nos permitió estructurar el relato como thriller, que era una estructura que ambos habían recorrido. In this second, preferimos saltar un poquito más sin red, y tener una estructura que podría ser definida más como de la epica. Nosotros no la habíamos recorrido mucho, y la ficción argentina en general no la recorre mucho. La epica para mostrar el poder esta perfecta.
—¿Cómo trabajaste l’épica la hora de los estrictamente visuales en la serie?
—En realidad, en un punto, lo más complejo es la construcción dramática. Yo siento que hicimos dramáticamente una construcción (perdón que lo diga yo, pero es la sensación de que tengo al haber trabajado mucho en eso). Después de encontrar la construcción visual es otra cosa. Una cosa es la construcción visual par l’épica de Tadeo, que para mí era importante, primero, qu’in note que none tiene proyecto político de poder, de manejar y controlar al system. Que todo le sucede ha sabido pesar. Necesitaría transmitir visualmente su ingenio, por eso lo natural. En el mundo de los pretorianos, necesita una epica ominosa, fría, de mármol. Amenazante. De castillo, mitad del siglo XX, toda la imagineía autoritaria, que tiene que ver con lo militar como formato. Y en el mundo de Osorio, algo frío y digital, siglo 22, más guante blanco.
—¿Qué descubriste como narrador en el universo de la serie?
— Es otra cosa es otro mundo, es otra manera de pensar, es otra forma de contar. No solo la manera en que se narrativa, ya que tenes la estructura general, la estructura de cada episodio, la que pertenece a cada línea narrativa, en el total y en el episodio. A la hora de escribir, es otro planeta. En el rodaje, no sentís diferencias. ¿Tenés que tener más cosas en la cabeza? Sí. Filmas por ubicación, y la serie requiere ser obsesivo, planificar. Hay cuestiones de puesta, no solo por secuencias muy puntuales. El reino tiene una intención visual muy potente, y eso también, aunque diferente, estaba en mis películas. Acá descubrís que cada línea narrativa requiere su modo visual, y eso afecta a todo. Es muy diferente como trabajaron a Tadeo ya Emilio y Elena. Cada personaje, cada línea narrativa, tiene su identidad visual, algunas son más evidentes y otras no.
—¿Qué descubriste del poder, si es que descubriste algo, haciendo la serie?
—Hay una cosa que la serie me dice y que tiene que ver con la cotidianidad del poder, del adentro del despacho. Es la soledad del poder, que la logramos mostrar. Pensar en esa soledad, y el laburo de Diego Peretti y Mercedes Morán hizo que estos personajes odiosos me conmoverán. La soledad del poder y del monstruo qu’uno conoce, no personalmente, implica que pueden ser eventualmente humanos. Encontrar lo humano en el monstruo: me encantaría seguir trabajando allí. Eso sí, no creo que vuelva a trabajar con presidentes.
Los colaboradores artisticos de una serie como pocas
Marcelo Piñeyro es uno de los creadores que más habla sobre sus colaboradores, sobre quienes lo ayudan en esa aventura: verdad un colaborador artistico, un tipo que para plantar el plano, la secuencia, estas charlando no de colores, estas charlando de cosas más hondas . Federico D’Auria en asistencia de dirección, y se que estoy saltándome muchos números, porque voy a estar siete horas. los rodajes es lo que se puede. Pero la temporada 2 la encare como ‘hagamos lo que queramos’. ¿Cómo sigue todo para el director? Piñeyro: «Tengo varios proyectos dando vuelta. No quiere decir que la haga, y se la commented on Claudia, que es una de amor, que me surge de la lectura del primer capítulo de Memorias de Adriano, cuando va al médico y dice que el cuerpo, que fue el campo de batalla de todas sus memorias y placeres, hoy es un campo de batalla minado. Es una historia opuesta a El reino, hiperintimista. Tengo una serie, que me gustaría mucho hacer, que tiene que ver con la creación artística con grupos de jóvenes, la creación como motor de quien quiere ser. Todavía tengo que salir de El reino, son casi 4 años o 5 de pensar en esto. Quiero pensar en algo diferente”.
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