abril 18, 2026

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Uno de cada cinco trabajadores sufrieron violencia laboral

Uno de cada cinco trabajadores sufrieron violencia laboral

Una de cada cinco personas en el mundo, más de 743 millones de trabajadores, sufren o sufrieron algún tipo de violencia laboral. Las mujeres tienen muchas probabilidades más que los hombres de enfrentar hostigamiento y acoso sexual, y las mujeres migrantes casi el doble que las que no lo son.

La violencia psicológica es la más frecuente en todos los países analizados, luego de una solicitud de financiamiento por parte de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y realizada por la Fundación Lloyd’s Register.

La OIT entiende, en su Convenio 190, que el acoso laboral es un conjunto de prácticas o amenazas «que tendrán por objeto, que causen o sean susceptibles de causar, un daño físico, psicológico, sexual o económico, e incluye la violencia por razón generic». La normativa, que es la única en el mundo que regula estas cuestiones, fue ratificada por Argentina.

El país no escapa a esta realidad. Según el último informe de la Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral (OAVL), las consultas por maltrato son realizadas en un 65% por mujeres y en un 32% por los hombres. En su gran mayoría, hubo que ver con violencia psicológica (88%), y en menor medida, pero no menos relevante, con contextos de violencia sexual (8%) y violencia física (4%).

Desde su experiencia como abogado, Ricardo Ruiz Moreno comentó en PERFIL que «la mayoría de los hombres que hablan de violencia de los empleados se empeñan en el ámbito de la construcción. Lo raro es que está internalizado, aceptado». de las mujeres, dijo que muchos casos se dan hacia las trabajadoras de casas particulares, en donde son frecuentes «los malos tratos, o asignarles tareas para las que no fueron contratadas». «hay una mayor cantidad de violencia de hombres hacia mujeres» and que «en la mayoría de los casos se dan abuso por de poder».

En situaciones de empleo más precarias y ante la necesidad de las personas de mantener el trabajo, las condiciones pueden empeorar. Haydée Valdez tiene 57 años, es migrante, llegó de Perú a Argentina en el año 1996, y desde entonces realiza diferentes tareas de cuidado remuneradas. Sus experiencias fueron cambiando, según comentario, a medida que se fue adaptando al país y tratando de no aceptar un trabajo en el que recibió malos tratos. «Hay personas que son buenas y personas que son malas, que te discriminan, te humillan. Fue muy feo tener experiencias así.

La OIT ha destacado las situaciones que constituyen acoso y violencia laboral en varias de sus resoluciones e informes anteriores, en los que consideró que muchas veces el maltrato tiene el objectivo de «minar la autoestima y la dignidad de la persona acosada». Entre los comportamientos más comunes identificaron los de «asignar trabajos sin valor o utilidad alguna, evaluar su trabajo de manera inequitativa, desvalorizar su esfuerzo, ampliar los errores, ningunear o hacer el vacío». Por otro lado, sostiene l’organización, la finalidad es que la persona acosada abandone su trabajo.

“Hiciera lo que hiciera ella nunca estaba conforme. Salí de ese trabajo, pero ella no me quería pagar. Me dijo: ‘bueno, te voy a pagar, pero primero mostrame tus cosas’. Piensa que yo estaba robando. Tuve buenas y malas experiencias, pero hoy no dejo que nadie me grite”, comentó Valdez.

En el caso de las mujeres, además, el acoso puede utilizarse en situaciones en las que se protege contra el despido. El de las embarazadas es un ejemplo cuando «se les impide en su puesto habitual», confirmó la OIT.

En Argentina, la Ley 26.485 de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, define el maltrato laboral como aquel que «obstaculiza su acceso al empleo, contratación, ascenso, estabilidad o permanencia, exigiendo requisitos sobre estado civil, maternidad , edad, apariencia física o realización de test de embarazo”.

Además de la renuncia del trabajador, la violencia laboral puede tener otras consecuencias, según las conclusiones que presenta en su informe la OAVL. De quienes concurren a denunciar estos casos, ocho de cada diez sufrieron «angustia, depresión, baja autoestima, ataques de pánico, pesadillas, olvidos o desorientación»; y cuatro de cada diez tuvieron consecuencias físicas como «gastritis, contracturas y mareos».

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