Tarifas de descongelado: un reajuste en cámara lenta
La creciente inflación sumó un nuevo problema que derivó en el actual Gobierno o, lo más probable, el que lo suceda. El descongelamiento pactado con el FMI como parte del paquete de control fiscal a realizarse en un año electoral y en un año de alta inflación. Sólo desde al momento que formalizó (marzo de 2022) fue de 120%sin contar la previa que desnaturalizó el esquema de ajuste previsto.
El origen. La debacle de la conversión en 2002 llevó al desarrollo de los servicios públicos, muchos de los cuales vivían de lado concesionados durante la década anterior, con un gran salto en infraestructura y modernización. Sin querer, los protagonistas de esta ola privatizadora pavimentaron su propio calvario posterior: al estar enmarcados en contratos de larga duración y semestral update de los precios (dollarizados) según la inflación mayorista de los Estados Unidos, el esquema no resistió la mega devaluación del 200% y tampoco la suba de costos domésticos posteriores.
In los 20 años transcurridos desde el final del modelo «privatizado» a la decisión de comenzar a actualizar las tarifas, el sector fue perdiendo dinamismo y, en algunos casos, como el gasífero, pasó de exporter nato a la paradoja de tener gasoductos internacionales vacíos por ausencia del fluido. Los especialistas estiman que en 2022 el rojo del sector alcanzó un 3,5% entre los servicios energéticos y los subsidios al transporte urbano.
paula szenkmanndirector de Desarrollo Económico de CIPPEC, dijo que, a partir de la ruptura de los contratos en 2002, se inició un proceso de intervención normativa bajo el cual para definir discrecionalmente los precios y las tarifas del sector. «El hecho de suspender las ‘Revisiones Tarifarias Integrales’ planteó un congelamiento de las tarifas que, en contextos de alta inflación, implica distorsiones entre los costos y los precios del sector y los precios relativos de la economía”subraya.
alerta roja. A partir de 2003 en adelante hubo intentos por devolver la racionalidad en el esquema tarifario buscando y equilibrando dentro del sector: acotar la suba de precios, intentar romper la vinculación con el dólar y asegurar el abastecimiento. santiago urbiztondoeconomista jefe de CAMPO y especialista en regulaciones del sector público, marca esta fecha como un hito: desde allí el servicio comienza a mostrar signos de fatiga que se visualizaron en 2007, medidos, por ejemplo, a través de cortes en el suministro eléctrico por año. «Hasta fines de los ´80 la demande por que no hubiera apagones o que el teléfono no fuera un bien escaso, pero luego la calidad de servicio alcanzada en los ´90 se prolongó, empeoró de 2008 a 2016, luego mjoró con la recomposición de tarifas y ahora el impacto del congelamiento desde 2019 todavía no terminó de impactar porque hay tal ‘retraso’ entre la caída de la inversión y la del servicio«, OBSERVACIÓN.
En el plan de segmentación puesto en marcha hay dos dimensiones: cuantitativa y cualitativa. En el primero, Urbiztondo explicó que al dividir en tres grupos: para el primero eliminar subsidios, un segundo grupo habrá un adjustarario como porcentaje de la inflación (40%) y un tercero, un subsidio mayor según un tope de consumos excedentes. «Hay aumentos nominales, incluso bajos y menores a la inflación; no hay cuantitativamente una recuperación real de las tarifas, tal vez esperando una inflación más baja, pero sin un fundamento técnico”, destaca. Como contrapartida, el ajuste por inflación de los precios del transporte actualmente en vigencia es algo positivo porque el deterioro en el ingreso real.
Sin embargo, un juicio del económico de FIEL, cualitativamente hay una ruptura en el sistema de precios de los servicios públicos (se utilizarán sólo al 30% del total), asociando los valores con los ingresos y no con los costes. “Es como en un surtidor se carga un carro diferente según el tipo de carro que carga combustible”, irónicamente. «En Argentina, aclara, la tarifa social es una construcción que no obedece tiene una lógica que facilite el acceso, sino que subsidia el consumo».
La producción. Quizás el caso más visible de conexión entre las señales que las tarifas marcan y el equilibrio en el largo plazo es el sector gasífero.
Roberto Carnicer, Director de Instituto de Energía de la Universidad Austral y presidente de Energía del centro, apunta a que las tarifas domiciliarias actuales: no son un aliciente para consumir menos o vincularla con el precio. El sector se divide en tres eslabones diferentes: la producción, el transporte (a través de gasoductos) y la distribución (que llega tiene los usuarios finales). El precio del transporte es un valor regulado, se actualizará tarde y para este eje se trabaja que se retrasará más de lo necesario, como el gasoducto Néstor Kirchner, que se espera inaugurar en un primer tramo el mes próximo y que ahorraría en importaciones un 15% de la demanda real. «La inversión de esta obra, por ejemplo, insumirá en total US$4.500 millones lo que es preciso para fondear la infraestructura necesaria para convertirnos en un exportador energético”, clara, poniendo como ejemplo el caso de Australia, que los US$100.000 millones sólo para la construcción de plantas gasificadoras y ductos en los últimos años. Por su parte, la producción sufrió también los embates de la discreción en los precios, que desde el año pasado están readecuados y por eso el gran reservóreo de Vaca Muerta vio aumentar su actividad.
Finalmente, las tarifas atrasadas vendrán a sufrir una medida que van recogiendo el impacto de mayores costes por actualización de las tarifas de transporte y producción. Todo este mecanismo de vinculación de precios debería estar marcado en normas con previsibilidad en el marco de una autoridad regulatoria (en este caso el ENARGAS) que vele por el cumplimiento de las inversiones comprometidas y el suministro asegurado, no obstante de carácter autárquico y alejada del hombre atrevimiento o política. Queda flotando como una gran incógnita a resolvernos sólo cuánto será la brecha entre los costos (actualizados) y las tarifas como promedio con sino subsidio como para financiar la inversión necesaria para recuperar el terreno perdido.
El futuro. «Para todo esto se precisa algo muy simple pero que parece difícil: un equilibrio macroeconómico con previsibilidad, acceso libre al mercado cambiario y disponibilidad del gas producido para venderlo libree. No hay que cambiar la ley del gas, sino cumplirla», concluye Carnicer. Por su parte, Szenkman también ha tendido a tender una visión integral del problema. “La redefinición de tarifas y subsidios energéticos debe ser un elemento clave de un plan de estabilización que contribuya a disminuir los desequilibrios macroeconómicos para, en este contexto, lograr un sector energético sostenible”. Una empresa por demás complicada por tratar de convencer que el equilibrio de todo el sistema cruza por las antípodas de la gratuidad del sistema como derecho ciudadano. Pero no hay peor gestión que la que no se hace.

