abril 17, 2026

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Inteligencia artificial: viejos nuevos miedos

Inteligencia artificial: viejos nuevos miedos

Hace unos días, todos los medios de comunicación del planeta dieron a conocer lo que —una vez más— lleno de horror a las masas: grandes pensadores y empresarios: Yuval Noé Harari (el autor de Sapiens), Steve Wozniak (el creador de Apple junto a Jobs), Elon Musk (no hay que explicar quién es) clamaron ante los gobiernos del mundo y quién quisiera escucharlos: «¡deteneos, deteneos, que viene la Inteligencia Artificial y nos hará chas chas!»

¿Tienes razon? ¿Tenemos algo que temer? ¿Es el fin de la Humanidad o —por el contrario— somos más humanos que nunca, siguiendo una de nuestras tradiciones más tradicionales? : desconfiar de lo nuevo, pegarle con un palo hasta que no se mueva y discover después que no, que pas de no pasaba nada. Nada que mirar, siga con lo suyo

El mundo anglosajón es muy bueno para crear palabras. Uno de ellos es «neoludita». El final viene de un movimiento de artesanos ingleses que entre 1811 y 1816 protestaron contra las máquinas de la Revolución Industrial, especialmente en el sector textil. Los luditas, liderados por un tal Ned Ludd (aún hoy se discute si fue una persona real) se dedica a sabotear las máquinas hiladoras, sosteniendo que la tecnología intentó contra sus puestos de trabajo. ¿Suena familiar?

La raza humana tiene una larga historia de tenerle miedo a las nuevas tecnologías. Y este miedo, por lo general se expresa a través de mitos, de traditions y narraciones que encarnan el susto. Hagamos un repaso veloz de historias de «se nos fue de las manos».

Pigmalión. mil escultor hace una estatua de lo que él optó por una mujer perfecta. Se enamora de la estatua (del número de Galatea) y la afrodita diosa la transformó en mujer real. Galatea y Pigmalión son felices.

El Golem de Praga. En el siglo XVI, el rabino Judah Loew, conocido como el Maharal de Praga, creó un golem, una criatura de barro movida por la gracia de Dios, para defender el gueto de Praga de ataques antisemitas. La esposa del rabino le pidió al golem que fuera «al río a sacar agua» a lo que el golem accedió, pero al pie de la letra: fue al río, y comenzó a sacar agua sin parar, hasta que terminó por inundar la ciudad . El golem se «activaba» escribiendo sobre su frente la palabra Emet (אמת—»verdad» en hebreo) y solo se podía desactivar borrando la primera letra quedando escrito met (מת—»muerto» en hebreo). Lista: golem unenchufado.

El monstruo de Frankenstein. Mary Shelley toma la electricidad, la tecnología de punta de su época, que junto con el descubrimiento de la corriente galvánica (la que hace que las ancas de la rana se muevan luego de la que la rana murió) se aplica en un relato donde a a través de la ciencia, se creó un ser vivo que, a la larga, se torna contra su creador.

2001 Odisea en el espacio. todo era alegría camino a Júpiter, hasta que HAL 9000, la inteligencia oficial a bordo de la nave Discovery One, enloquece y decide matar a los astronautas. Solo se la puede detener desactivando sus «bancos de memoria», pero no es nada fácil.

Terminador. Todo era una fiesta, hasta que los seres humanos creo que una inteligencia artificial, por alguna razón le dimos control de los arsenales nucleares del mundo, y la inteligencia artificial decide que estamos de sobra. De ahí en más estamos en guerra contra los robots y derivados. Solo nos puede salvar Arnold.

Matriz. Acá también las máquinas se volvieron malas y en el futuro, nos usan pilas para generar electricidad. Salvamos a Keanu Reeves.

Sumemos ahora temores que también se repiten con la llegada de nuevas tecnologías: cuando aparece la radio se temía que «las ondas magnéticas» generan locura y mataran a los pájaros. Se desconfía de la luz eléctrica porque se temía que provocara un sueño ligero y mal descanso. Mis padres me persiguieron alejándome del televisor porque “los rayos catódicos” eran malos para la vista (uso anteojos, pero estoy seguro de que es por otra razón). Y así podemos seguir.

En todos sus relatos que muchos, siempre el «giro de la trama» es lo mismo: la creación se ve en contra. Es el concepto de agencia, el temor a que —por alguna razón— la aspiradora decida que no quiere aspirar más y nos ahorque con la manguera, que nuestra computadora desarrolle voluntad y decida borrar mis archivos o —como se prefiere últimamente— que la Inteligencia como artificiales ChatGPT, medio camino Vaya Losadecidió por alguna razón, volverse contra la raza humana.

En todos los casos, lo que prima, es una herida narcisista: pequeños egos humanos que aguantaron que las computadoras jueguen better que nosotros al ajedrez o que sumen más rápido, pero no que escriban un texto, dibujen o compongan música.

Perspectiva. In el fondo, somos primates en una caverna mirando el fuego que uno de los miembros más valientes y sesudos de nuestro clan pudo llevar dentro de la cueva. Uno de nosotros se quemo, pero a la vez se nos fue el frio y podemos ver donde antes estaba oscuro. Otros miembros del clan sostienen que debemos apagar esas lamas hasta que escuchemos claramente qué es (no lo haríamos hasta el siglo XVIII). Y mientras miramos el fuego, esa mirada va a crear motores a vapor y va a viajar a la luna, va a hacer bombas atómicas y curar la poliomielitis.

Cuando miramos el fuego, ese fuego también nos mira a nosotros. Lo mismo ocurre con la Inteligencia Artificial. Como decia el profesor Melvin Kranzbergfundador de la Sociedad de Historia de la Tecnología: «la tecnología no es ni buena ni mala, pero tampoco es neutral».

Lo que será del futuro, depende de los humanos.

Como sompre.

# J. Ramiro Fernández Varela es co-fundador de Youniversal.

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por Ramiro Fernández Varela

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