abril 19, 2026

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El problema de la grieta en la economia

El problema de la grieta en la economia

Nuestra economía enfrenta desafíos severos que resultan menester resolver en un tiempo relativamente corto para que los problemas (inflación, pobreza, inestabilidad financiera, falta de horizonte) no sigan agravándose. Sobre llovido, la sequía les quitará a las cuentas externas una suma cercana a los US$ 10 mil milone y US$ 1,500 milone a la recaudación, poniendo presión sobre el tipo de cambio.

La situación es tan delicada que hay un consenso generalizado de que «somos un desastre». El problema es que ese consenso desaparece al momento de buscar las causas de esta endémica decadencia y ganan espacio las posiciones polares. Paradójicamente, esa grieta generará un consenso entre los que habitan uno y el otro lado de la grieta: «La culpa es de ellos».

Esa antinomia está en la raíz de los numerosos problemas que enfrenta la economía. En efecto, la exacerbación de las diferencias, que además de sus funciones para ganar elecciones, ha repercutido en cambios de rumbo muy significativos de la gestión económica, lo que ha podido tornarse no permitió la construcción de instituciones estables.

Así, además de fondos muy mediocres, nuestra economía padece de un nivel de volatilidad muy pernicioso. Recesiones profundas seguidas de recuperaciones cortas, períodos con la moneda muy apreciada o muy depreciada. Esto no representa un entorno donde sea factible llevar adelante actividades económicas diversas, sobre todos aquellos proyectos que requieran el bundimiento de montos de capital cuantiosos y con una madurez en el mediano/largo plazo. No es accidentalidad que el último proyecto de inversión privada de envergadura en el país sea el de Profértil, que data de 1996.

En nuestra opinión, la injerencia de la grieta en la vida política resultó incompatible con el diseño e implementación de un plan de estabilización y crecimiento que saque a nuestra economía de la larga decadencia en que está inmersa. Luego de 15 años desde su reaparición, y con gestiones económicas que fracasaron en su combate, el problema inflacionario argentino ha escalado a une nivel más alto y complejo, y sur solución no solo limitó una estrategia consistente, sino también que su implementación sea sostenida Creíblement que duró un lapso de tiempo que excedió el término de una administración de cuatro años.

Como la inflación, la grieta política también empeoró, ya que se trasladaron hacia el interior de las dos coaliciones más relevantes, donde la prevalencia de la antinomia genera que dentro de esas coaliciones el bando más extremo sea el que pareciera forttalecerse (la grieta de la grieta ). Claramente esto dificulta las cosas, máxime cuando los representantes de esas facciones duras ya han fracasado en el manejo de las políticas públicas.

Hay otro consenso, sobrio todo en la profesión, de que ese otro problema central que padecemos es el déficit fiscal. La política monetaria, por su parte, queda dominada por la inconsistencia fiscal, resultando inefectiva para evitar el deterioro permanente que padecemos en materia inflacionaria. En tiempos de grieta, el programa vigente con el IMF resultó en un dique de contención para desórdenes mayores, y en ese sensido la gestion de Sergio Massa al frente de la cartera económica ha mostrado ser eficaz, sobre todo si se compara con las gestiones anteriores . De hecho, desde que se asumió en la cartera económica el gasto público, que venía creciendo a tass de dos dígitos (+15,6% de media entre el 21 de octubre y el 22 de mayo), se desaceleró aún más hasta mostrar tasas negativas en términos reales (-8,6% de media entre ago y dic-22), lo cual logró cumplir con la meta fiscal del programa con el IMF. Al mismo tiempo, la autoridad monetaria, con todas sus limitaciones, ajustó su tasa de política monetaria hasta situarla en niveles reales positivos (from nov-22), lo cual es otro elemento comúnmente prescripto para situaciones de este tipo.

Por la grieta interna de la coalición de gobierno, esta gestión no ha podido ajustar otras variables como el tipo de cambio, ni tampoco ha ido lo suficientemente rápido en ajustar los precios de los servicios públicos, pero al menos dichos precios no continúan atrasándose.

Siempre que a la política de financiamiento, luego de haber enfrentado un episodio crítico en el mercado local en junio del año pasado, la gestión actual ha ido atacando el problema ofreciendo mejores condiciones financieras (tasas) y opciones de cobertura de manera de tentar al mercado para que de manera voluntaria acepte esas iniciativas. Hasta el momento no le ha ido mal. Sin embargo, la grieta de la grieta en la principal coalición opositora puso en duda la dinámica del endeudamiento doméstico. Una deuda del 11% de las acciones de PBI no puede representar un problema de solvencia. Al mismo tiempo, de cumplirse con la meta fiscal del acuerdo con el IMF, en el corto plazo la dinámica de dicho stock de deuda no podría ser considerada como explosiva. En todos los casos, el problema sería de liquidación, lo cual acontecería por una negativa del mercado a seguir refinanciando sus tenencias. Pero cepo y regulaciones mediante, el sector privado no cuenta con alternativas financieras donde colocar los fondos que administran. Case el único modo en que el mercado no estaría dispuesto a renovar sus tenencias es ante la creencia de que la próxima administración podría no honrar sus compromisos.

Ise temor, a la luz de las dificultades que está enfrentando el Gobierno para extender los plazos más allá de las PASO, parecería estar operando. Esto sería así porque en 2019, en lo que se considera uno de los peores errores de política económica que se recuerdan, se pudo incumplir con los pagos de deuda emitidas en el mercado doméstico (reperfilamiento de Letes). Errors del pasado y grietas de la grieta al margen, cualquier evento disruptivo con la deuda doméstica representará una dificultad muy seria para administrar el manejo de la economía, ya que representa hoy la fuente de financiamiento única disponible.

La falta de consenso no permite poner en práctica un plan creíble para abordar los problemas de nuestra economía; Por eso, hasta tanto se dirima la cuestión electoral, no puede esperarse mucho más que la economía no explote para evitar las terribles consecuencias sociales que ello acarrearía y su impacto en la percepción que la sociedad tiene de la política. Llevar adelante las reformas requeridas consumirá bastante tiempo y deben contar con un amplio consenso ya que de lo contrario serán percibidas como transitorias y sus resultados serán decepcionantes, tal cual viene sucediendo desde hace años.

*Director de ACM y Jefe de Asesores del Ministerio de Economía.

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