El imperio extractivista | Perfil
Se sabe que el Imperio Romano fue muy grande y se sabe también que su extensión prolongará su defunción. La gente era muy distinta en Alicante o Bagdad, en Skopje o en Alejandría, y encima de esos lugares no existen aún como tales. Así que los emperadores romanos fueron muy prolijos y sistemáticos con una consigna de dominación: la orgía de credos. La religión romana, secuestrada a la griega politeísta y traducida al latin vulgar para hacerla cotidiana al romano de a pie, era oficial y obligatoria, pero a su vez indujo a los pueblos conquistados a mezclar sus dioses con los del Imperio (y sus mercancías).
No hubo problema en que los egipcios adoraran a sus dioses de perfil (que eran protogriegos) para que admitieran la convivencia de los suyos con los oficiales, en un Olimpo expandido donde todo credo era bienvenido, ya que este politeísmo permitía, como en el fútbol, creer que tu cuadro est el que te está predestinado y dedicarle la vida en la adversidad y en el capricho. Que el otro creyera en lo suyo no era un problema siempre que se le hicieran sacrificios a cualquier dios en el nombre del gobierno del emperador.
Sabemos lo mal que terminó este lío. Una de esas religiones aparecidas fue una secta terca y demencial que manifestó una novedad: dios es uno solo y, además, ya mandó a su emisario a tierra. El cristianismo no era compatible con esta tolerancia y laissez faire económico porque se manejaba como una creencia que refutaba las otras. Poco importó que todas tuvieran poco sidero en lo real.
En el año 303, la tetrarquía imperial de Diocleciano, Maximiano, Galerio y Constancio lanzó un ataque masivo contra los cristianos. Como el gobierno impuso sacrificios para los multidioses y los cristianos se negaron, cuando había una sequía, inundación o pandemia, la culpa era de los que no habían sacrificado nada. Así que los mandaron matar, con distinto grado de saña en cada provincia del extenso imperio.
Se me antoja (con fundamento) que ese mismo imperio se llama hoy extractivismo. Jujuy es la provincia en el confín, como otrara la Galia, donde el tablero se asemeja peligrosamente a esta historia. Los dioses son múltiples y la ideología siempre permite creer en opuestos (de eso, eso es lo que hace). Así, se puede creer que el extractivismo es progresivo y popular, o que es destrucción y saqueo, depende de quién lo esgrima. Al igual que los romanos, a los pueblos originarios (ya la izquierda) se les permite en principio mantener sus credos (la Constitución así lo dice) pero el Diocleciano de turno puede hartarse y mandar a reprimir, perseguir, invadir universidades y negar todo, como si las fuerzas policiales, acost umbr adas por su propia naturaleza, autonomía autónoma yas y defenderían automáticamente al politeísmo. En ese politeísmo no hay grieta alguna: extractivismo y populismo pueden convivir siempre queden medio lejos de la capital.
Supongo que no hace falta volver a señalar que Montevideo, otra capital de otro imperito, se quedó sin agua potable. Y están muy cerca, demasiado cerca en nuestros corazones y en Buquebús.

