Eclipses, Superlunas y Meteoros 2026: Guía Completa
Todos los eclipses, superlunas, lluvias de meteoros y planetas para observar en 2026
El cielo nocturno de 2026 ofrecerá un espectáculo constante para quienes disfrutan observar los astros. Lunas llenas especialmente brillantes, lluvias de meteoros intensas, eclipses visibles desde distintas regiones del planeta y notables alineaciones planetarias convertirán cada mes en una oportunidad para mirar hacia arriba y reconectar con los ritmos del cosmos.
El año 2026 se perfila como un periodo especialmente dinámico desde la perspectiva astronómica, con doce meses en los que la Luna, el Sol y diversos planetas ofrecerán una cadena de fenómenos visibles tanto a simple vista como mediante equipos de observación básicos. Habrá superlunas que iluminarán intensamente la noche y también eclipses solares y lunares de notable impacto visual, conformando un calendario donde se combinan eventos previsibles con otros que sobresalen por su singularidad o fuerza. Para quienes disfrutan del cielo, desde aficionados hasta observadores expertos, será un momento propicio para organizar sesiones de observación y seguir de manera constante la evolución del firmamento.
Superlunas y la evolución del ciclo de lunas llenas durante 2026
Uno de los grandes focos de atención del año será la Luna. A lo largo de 2026 se observarán trece lunas llenas, una por encima de lo habitual, consecuencia del desajuste natural entre el ciclo lunar —que ronda los 29,5 días— y la duración de los meses del calendario. Esta diferencia hace que, de forma periódica, un mes pueda presentar dos lunas llenas, un fenómeno comúnmente llamado “luna azul”. En esta ocasión, mayo será el mes que reunirá de manera consecutiva dos plenilunios.
El año comenzará con la llamada luna del lobo, una luna llena tradicionalmente asociada a enero, que además será la primera superluna del año. Las superlunas ocurren cuando la fase de luna llena coincide con el punto más cercano de la órbita lunar a la Tierra, conocido como perigeo. Esta proximidad hace que el satélite natural se perciba ligeramente más grande y brillante de lo habitual, un efecto sutil pero apreciable para el ojo humano, especialmente cuando la Luna se encuentra cerca del horizonte.
Tras la superluna de enero, el fenómeno volverá a observarse en noviembre y diciembre, aunque será la de diciembre la que se situará más próxima a la Tierra en todo el año, convirtiéndola en la superluna más destacada de 2026. Desde la perspectiva astronómica, la separación entre la Luna y nuestro planeta experimentará variaciones notables a lo largo del año, moviéndose entre distancias habituales y acercamientos que realzarán su luminosidad nocturna.
Además de su atractivo visual, las lunas llenas de 2026 mantendrán la nomenclatura tradicional vinculada a las estaciones y a antiguos calendarios agrícolas. Nombres como luna de nieve, luna rosa, luna de fresa o luna del cazador no describen el color real del astro, sino que reflejan referencias culturales y estacionales que han perdurado durante siglos. Este conjunto de denominaciones aporta un componente histórico y simbólico a la observación lunar, enriqueciendo la experiencia de seguir mes a mes sus apariciones.
Lluvias de meteoros: noches de destellos y rastros luminosos
Las lluvias de meteoros serán otro de los grandes atractivos del año astronómico. Estos eventos ocurren cuando la Tierra atraviesa corrientes de partículas dejadas por cometas o asteroides, provocando que pequeños fragmentos entren en la atmósfera y se desintegren, creando trazos luminosos conocidos popularmente como estrellas fugaces.
El calendario de 2026 reúne más de una decena de lluvias de meteoros con picos de actividad claramente definidos, y tras las Cuadrántidas, que alcanzan su punto máximo a inicios de enero, habrá que aguardar hasta abril para la llegada de las Líridas, una lluvia moderada pero constante que suele mostrar meteoros veloces y luminosos; en mayo, las Eta Acuáridas, vinculadas al célebre cometa Halley, ofrecerán otro momento propicio para la observación, sobre todo en el hemisferio sur.
El verano boreal reunirá una de las fases más dinámicas, encabezada por las Delta Acuáridas del sur y las Alfa Capricórnidas hacia finales de julio. No obstante, agosto traerá el instante más esperado del calendario astronómico con las Perseidas, reconocidas como una de las lluvias más llamativas gracias a su abundante número de meteoros y a que suele coincidir con noches templadas en gran parte del hemisferio norte. Durante 2026, la fase lunar ofrecerá un entorno de observación particularmente propicio, sin que el resplandor de la Luna afecte de manera notable su punto máximo.
Hacia el cierre del año, las Oriónidas de octubre y las diversas lluvias de noviembre —entre ellas las Táuridas y las Leónidas— mantendrán animado el firmamento nocturno. El broche final llegará con las Gemínidas en diciembre, una lluvia tradicionalmente célebre por su potencia y por generar numerosos meteoros lentos y luminosos. Todo apunta a que este fenómeno volverá a posicionarse entre los más sobresalientes del año, con altas tasas una vez que la Luna se oculte y deje un cielo más oscuro.
Eclipses solares: juegos de luz y sombra en el firmamento
Los eclipses solares serán protagonistas entre los principales sucesos astronómicos de 2026, ya que surgen cuando la Luna se coloca entre la Tierra y el Sol y extiende su sombra sobre nuestro planeta; según la distancia y la precisión de la alineación, este espectáculo puede manifestarse como un eclipse total, parcial o anular.
En febrero se producirá un eclipse solar anular visible principalmente desde la Antártida. En este tipo de eclipse, la Luna no cubre completamente el disco solar, dejando visible un anillo brillante de luz alrededor de su silueta oscura, conocido como “anillo de fuego”. Aunque su visibilidad estará limitada geográficamente, se trata de un fenómeno de gran interés científico y visual.
Más adelante, en agosto, tendrá lugar un eclipse solar total que podrá observarse desde regiones como Groenlandia, Islandia, España, Rusia y partes de Portugal. Durante un eclipse total, el día se transforma brevemente en noche, las temperaturas descienden ligeramente y la corona solar se hace visible alrededor de la Luna. En zonas donde el eclipse sea parcial, el Sol aparecerá como una medialuna luminosa, ofreciendo igualmente una experiencia notable para los observadores.
Es importante recordar que la observación de eclipses solares requiere siempre protección ocular adecuada. Mirar directamente al Sol sin filtros certificados puede causar daños irreversibles en la vista, incluso durante las fases parciales del fenómeno.
Eclipses lunares y la aparición de la luna de sangre
A diferencia de los eclipses solares, los eclipses lunares pueden contemplarse sin protección ocular y por lo general se aprecian desde extensas zonas del mundo, ya que se producen cuando la Tierra queda ubicada entre el Sol y la Luna y su sombra se proyecta sobre el satélite natural durante la fase de luna llena.
En marzo de 2026 ocurrirá un eclipse lunar total que podrá apreciarse desde Asia, Australia, diversas islas del Pacífico y una amplia zona del continente americano. En este fenómeno, la Luna suele tornarse de un característico color rojizo, razón por la que muchas personas la llaman “luna de sangre”. Esta tonalidad aparece porque la luz del Sol se refracta al atravesar la atmósfera terrestre, la cual atenúa los tonos azules y deja que resalten los matices rojos y anaranjados.
La intensidad del color puede variar según las condiciones atmosféricas del momento, dando lugar a tonalidades que van desde un rojo oscuro hasta un matiz cobrizo o ladrillo. Este efecto visual, además de su belleza, ofrece información valiosa sobre la composición y el estado de la atmósfera terrestre.
En agosto tendrá lugar un eclipse lunar parcial visible en gran parte de América, Europa, África y el oeste de Asia, en el que solo una fracción del disco de la Luna quedará inmersa en la sombra más intensa de la Tierra, generando un contraste notable entre la región iluminada y la que permanece oscurecida.
Alineaciones y recorridos planetarios a lo largo del año
Más allá de la Luna y los eclipses, 2026 destacará por varias configuraciones planetarias que ofrecerán vistas llamativas del sistema solar en miniatura. En febrero, por ejemplo, se producirá un desfile planetario en el que varios planetas serán visibles en el cielo nocturno en un corto intervalo de tiempo. Saturno, Venus y Mercurio se alinearán cerca del horizonte tras la puesta del Sol, mientras que Júpiter brillará con intensidad en el cielo oriental. Urano y Neptuno también participarán en esta configuración, aunque su observación requerirá el uso de binoculares o telescopio.
A lo largo de la primavera y el inicio del verano, Venus y Júpiter protagonizarán varios acercamientos aparentes, creando la ilusión de que ambos planetas se encuentran muy próximos entre sí. En junio, incluso parecerán intercambiar posiciones en el cielo durante un par de noches, un efecto óptico causado por las diferencias en sus órbitas y velocidades relativas.
El otoño traerá uno de los eventos más curiosos del año: la ocultación de Júpiter por la Luna. Durante este fenómeno, observable desde determinadas regiones, el planeta gigante parecerá desaparecer temporalmente detrás del disco lunar antes de reaparecer al cabo de aproximadamente una hora. Este tipo de eventos, conocidos como ocultaciones, son especialmente apreciados por astrónomos aficionados debido a su precisión y belleza geométrica.
A finales del año, Marte aparecerá junto a Júpiter en el cielo del amanecer, y en diciembre la Luna creciente se sumará a Venus en una escena que despedirá el año con una de las vistas más cautivadoras del firmamento.
En conjunto, el calendario astronómico de 2026 presenta una propuesta equilibrada entre fenómenos fáciles de observar y sucesos poco comunes, y para quienes gustan de mirar el firmamento será un año definido por la regularidad de las lunas llenas, el dinamismo de las lluvias de meteoros, el impacto visual de los eclipses y la elegante sincronía de las alineaciones planetarias, una invitación constante a apreciar el compás propio con el que se mueve el universo.
